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Tras Agata

Tras Agata
Recorro la playa. Algo clavado en la arena llama mi atención, parece uno de tantos objetos que la gente tira al mar y que éste siempre devuelve, pero ahora lo veo diferente, aunque roto, no considero basura el pedazo de traste arrebatado por el agua a sus propietarios.
Desde Huatulco por el camino de la costa observamos que todas las cuencas generalmente vacías, muestran restos de lo que el agua arrastro a su paso: palmeras, basura, tablas que formaban construcciones.
La presencia de las moscas es constante. No sólo moscas negras del tamaño de pasitas con chocolate. Hay otras verdes, grandes y carnosas. El pedazo de loza me hizo pensar en todas esas cocinas destruidas, todos esos alimentos en descomposición, esos recuerdos mojados, perdidos lujos más de pobres que de ricos, juguetes de los niños enterrados en la arena.
El shambala, con su aspecto de templo tibetano agarrado a las rocas, muestra un largo abandono de muerte. Grandes pilas de restos ocupan ahora la playa y nadie hace nada por deshacerse de ellos.
A un lado el Alquimista ha operado su magia y aunque el mar le ha cobrado parte de la playa, siguen las velas en las rocas y las pizzas por la noche.
Es temporada baja y más baja por la desgracia. Un güero de rancho habla por teléfono y sin pudor describe a gritos a su trabajadora unas motos de agua que alguien pasará a recoger. Un extranjero de delgadez casi enfermiza, se acomoda frente a otro visitante. Sus dedos decorados con anillos plateados y sus modales afectados le dan un cierto aire de pitonisa cuando con movimientos estudiados se coloca un gorro tejido como los que usan los musulmanes y le pide a su interlocutor que parta el mazo de cartas.
Algunos visitantes de camisas y shorts abajo de la rodilla, tenis y calcetines, gorra y mascada antes de ocupar su mesa, deambulan por la arena para comprobar la desnudez en la playa.
Noga, el misterioso hotel que apareció un día sobre la charca y que posiblemente nunca debería haber operado, sigue funcionando en su misterio.
La legendaria cabaña uno de Locósmico está entre los restos que arrastran a la playa donde un italiano los quema diligentemente. Un tronco de palmera ha quedado enterrado como si alguien intencionalmente quisiera construir un escalón allí.
En una semana se manifestó el rigor de los cuatro elementos primigenios: tembló la tierra como presagio al agua y viento que trajo Agata. Los dimes y diretes acompañaron al fuego: qué si fue por el seguro, qué si el dueño fue quien activo el interruptor que provocó el corto circuito, que se dieron cuenta hasta muy tarde. Así, como rumores de políticos y lavado de dinero, se escuchan maquinarias que trabajan sin descanso para que el Nude pueda pronto volver a operar.
Algunos accesos a la playa están bloqueados y también un extremo del adoquín por lo que un gran rodeo nos lleva hasta el extremo opuesto. Los grupos de jóvenes entre hípsters, hippies y vagabundos que muestran músculos abdominales visibles bien por el ejercicio sobre las olas, bien por escaza alimentación, siguen deambulando por allí, y lanzando bolas de fuego al aire por algunos pesos. Algunos rubios extranjeros se mezclan como iguales e interrumpen por un momento su vida pues cuando vuelvan a su patria tendrán seguridad social y universidad y aprovecharán en sus patrias la explotación de quienes ahora se miran como iguales.
Restos que por más que se queman todos los días se siguen acumulando. Montones de ramas, hojas, tablas, como si todas las construcciones se estuvieran desmoronando y ahora los costales blancos de arena forman parte de muchos de los muros.
Al otro extremo de la playa, la charca ha crecido como un caldo oscuro de profundidad y letalidad indescifrables, que los aventurados atraviesan por una orilla buscando el amor. Aunque una barrida a la escalera que sube y baja podría reducir ese efecto de desastre, todavía tienen mucho en qué pensar quienes ofrecen cervezas para los visitantes desde los dos negocios que compiten allí, un improvisado techo de lona y otro en el que trabajan sin descanso. Un extranjero destaca desnudo mientras ayuda a los que atizan el fuego. Un residente conversa con doña Mary. Estuvo guarecido en su baño desde la una de la tarde esperando que pasara el huracán, y así llegó la tarde y luego la noche. Por otra parte, Cheli nos contó que a las siete el viento comenzó a amainar pero hasta las nueve pudieron salir con seguridad. Afirman que llegaron pronto las ayudas, que la labor del ejercito fue elogiable, que la cefee reinstaló la energía en menos de venticuatro horas, pero a un mes del desastre las tuberías siguen secas. Dependen de las pipas que transportan agua sucia y prefieren los hoteles que pagan más.
Zipolite sigue palpitando bajo el sol. La destrucción dejará paso a nuevas construcciones. La tragedia acelerará el proceso de gentrificación que como un presagio se alimentó de la mala fama de un subsecretario huyendo a la pandemia.
Junio, 2022
© Deutschlango


