Viajes · En español
Las calles de mi ciudad

“Las calles de mi ciudad. Su brillo, su resplandor y esa humedad. Yo
extraño mi ciudad.” Suena a lugar común para quien haya visitado Buenos Aires,
especialmente en el verano cuando para recorrer la calle de Corrientes no queda
de otra que irse refugiando de tienda en tienda para recuperar el aliento y
salir de nuevo a ese hálito húmedo a cuyo pesar aún uno disfruta el paseo por
esa capital sudamericana. Así como Nacha Guevara entonaba el recuerdo de su
ciudad, así yo, desde el frescor primaveral de la cuatro veces amurallada
Colonita, la bella piadosa, canto a las calles de mi ciudad, que apenas cuando
Europa transitaba hacia el renacimiento, con sus exploraciones y conquistas,
éstas se erigían como algunas de las más grandiosas del mundo y Hernan Cortés
en sus “Cartas de Relación” narra al rey don Carlos su llegada a la gran
Tenochtitlan: “Otro día después que a sta ciudad llegué me partí, y a media
legua andada entré por una calzada que va por medio desta laguna dos leguas
hasta llegar a la gran ciudad de Temextitán (Tenochtitlán) que está fundada en
medio de la dicha laguna, la cual calzada es tan ancha como dos lanzas y muy
bien obrada, que pueden ir por toda ella ocho de caballo a la par. Y en estas
dos leguas de la una parte y de la otra de la dicha calzada están tres
ciudades… Y así seguí la dicha calzada, y a media legua antes de llegar al
cuerpo de la ciudad de Temextitlán, a la entrasa de otra calzada que viene a
dar de la tierra firme a esta otra, está un muy fuerte baluarte con dos torres
cercado de muro de dos estados con su petril almenado por toda la cerca que
toma en ambas calzadas.” (Cartas de Relación, Hernan Cortés)
Bernal Diaz del Castillo, otro de los conquistadores, narra su llegada a
la ciudad de México: “Y otro día por la mañana llegamos a la calzada ancha y
vamos camino de Estapalapa (Iztapalapa). Y desde que vimos tantas ciudades y
villas pobladas en el agua, y en tierra firme otras grandes poblazones, y
aquella calzada tan derecha y por nivel. Cómo iba a México, nos quedamos
admirados, y decíamos que parecía a las cosas de encantamiento que cuentan en
el libro de Amadía, por las grandes torres y cués y edificios que tenían dentro
en el agua, y todos de calicanto, y aun algunos de nuestros soldadis decían que
si aquello que veían si era entre sueños…” (Historia verdadera de la conquista
de la Nueva España)
A pesar de lo negativos que puedan ser, a los mexicanos nos gusta
presumir nuestros primeros lugares, así muchos connacionales siente cierto
orgullo cuando Carlos Slim encabeza la lista de Forbes de los hombres más ricos
del mundo en un país donde más de la mitad viven en la pobreza extrema y el
despegue vertiginoso del crecimiento de su gran fortuna se ha basado en un
servicio de telecomunicaciones que según la OCDE es de los peores y más caros
del mundo. Nos gusta presumir que
la avenida de Los Insurgentes que corre de un extremo a otro de la ciudad de
Mexico es la más larga del mundo, pues si uno la continúa hacia el oriente sin
desviarse llegará a la ciuda de Pachuca, y al occidente, a más de trecientos
kilómteros, al puerto de Acapulco. Sin embargo, siguiendo esta misma lógica que
convierte autopistas en calles, la avenida Rivadavia en Argentina que se
prolonga hasta la Patagonia o Yong street en Toronto que se originaría desde el
lago Ontario, le disputarían muy fácilmente su primer lugar a la mexicana.
En centro histórico de la ciudad de México existen un par de calles que
nunca he podido determinar su posición exacta y hasta las confundo una con
otra. Yo tengo la teoría que son calles movibles. Ahora, recordando a la
distancia, me parece que a veces crecen o se acortan con tal de dificultar su
localización, ahora que la tecología permite hasta tener una visión a nivel de
calle de casi cualquier lugar del mundo, no he querido buscarlas pues pienso
que podrían suceder dos cosas, ya que Google no tiene una actualización en
tiempo real, podría suceder que sólo determinara su posición en el instante de
tiempo en que se cargo la información al sistema, o también podría acontecer
que rompiera con mi ilusión de esas calles móviles que a veces atraviesan de un
lado a otro el centro de México, y con tiendas y visitantes se mueven de vez en
cuando con tal de divertirse a costa de quienes la buscan.
¿Quién no se ha perdido buscando algún local en la plagada de
restaurantes calle de Amsterdam en la colonia Condesa (Fondesa para algunos por
la gran cantidad de restaurantes –fondas- que pueblan sus calles)? Yo la he
recorrido infinidad de veces en un sentido y en otro buscando algún número
pensando que se encontraba más fácilmente entrando por un lado (extremo?) y
resulta que la he recorrido en su totalidad para darme cuenta que lo que
buscaba se encontraba unos pasos atrás en el sentido contrario. Cuesta tanto
trabajo describir con exactitud que tramo debe uno de tomar: “entras por
Sonora, del lado de Insurgentes y vas hacia la derecha. No, a la izquierda si
vienes del metrobus”, por ejemplo. Yo tengo la teoría que los intrincado de
esta calle resulta que se ha transformado en una tira de Moebius (“tiene la
propiedad de ser un objeto no orientable”, Wikipedia dixit) tal cual como las
vías de los trenes de Buenos Aires –parecería que este escrito también está dedicado
a la capital Argentina– en la película “Moebius” (Gustavo Mosquera 1996) en la
cual el sistema de vías del metro bonaerense se hace tan intrincado que se
escucha un tren perdido en ese complejo sistema, y es que la calle de Amsterdam
en la colonia Hipodromo Condesa, como indica su nombre completo, es circular
pues resulta que era la pista de carreras de un hipódromo hasta los años 20s,
de allí la dificultad para determinar sus extremos.
Y bueno, para no terminar otra vez con Nacha Guevara, mejor me voy
cantando con Guadalupe Trigo “Mi ciudad es chinampa en un lago escondido, es
cenzontle que busca en donde hacer nido, rehilete que engaña la vista al
girar”.

