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la nueva guerra de los pasteles

Fotografía de la nueva guerra de los pasteles
 mi compadre, un francés radicado en México desde hace tantos años que ya mienta madres y negocia con los vieneviene, señalaba irónicamente en facebook que lo bueno del caso Florence Cassez es que nos había hecho creer a los mexicanos en nuestro sistema de justicia.

Fotografía del archivo de DeutschlangoUna amiga mexicana, en cambio, me señalaba que por qué no había mencionado en este blog que la voz de la francesa había sido reconocida  al menos por dos de los secuestrados. Realmente no conozco tanto el asunto para poder defender esos detalles y por el contrario, la defensa de la francesa, señala que los testigos cambiaron sus declaraciones por presión de la procuraduría. En fin, que mi intención de comentar el caso no era entrar en el juego de culpable-inocente pues está más allá de todos nosotros pues la verdad jurídica depende de muchas más cosas y la forma es también una de ellas. Hemos visto tantas veces que la procuraduría hace alarde de que una gran captura (como en el montaje de este caso) y a las semanas el inculpado es dejado libre. Luego se acusa a los jueces de corrupción pero, muchas veces, depende de cómo la procuraduría haya integrado el caso.

Fotografía del archivo de DeutschlangoFotografía del archivo de DeutschlangoUn problema grave en México es que la justicia es discresional. Raúl Salinas de Gortari es alguien que no dudo que por muchas razones debería haber estado en la cárcel  pero estuvo en la misma solamente como rehén político. Flavio Sosa, líder de los disidentes de los maestros, de ninguna forma podría haber sido considerado un criminal de alta peligrosidad para haberlo recluido en el "apando" moderno que es Almoloya (el agujero de castigo donde "ablandaba" a los presos en los 70s y del que nos cuenta Rebueltas en su novela del mismo nombre). Luz y Fuerza, una empresa que desde hace décadas operaba muy mal  fue liquidada, no por eso sino porque el sindicato se atrevió a apoyar a la oposición.  Florence Cassez está en la cárcel por que eso, gracias al nacionalismo que aprendemos en los libros de texto gratuitos, aumenta la popularidad del gobierno en el poder. Quizás también debería estar en la cárcel por los delitos que posiblemente cometió pero eso se debería resolver en los juzgados con todo el derecho de que su gobierno revise los procedimientos y también que solicite la aplicación de los tratados internacionales que México ha signado. Lo grave es que ahora se pretende resolver el asunto en la tribuna política y en los medios de comunicación. Qué bueno sería que pudiéramos confiar en nuestros jueces pero parece que en lo único que confiamos son en las televisoras y en los rumores que diseminan los taxistas.

En México nos gana la pasión nacionalista que nos ciega. Contradictoriamente de alguna forma yo me he sentido orgulloso de que nuestro gobierno haya puesto a Sarkozsy en su lugar, como también me gustan las diatribas de Chavez en contra del "imperio", pero eso no debe de impedirnos ver el otro extremo.

Fotografía del archivo de DeutschlangoPedimos legalidad pero al final lo único que deseamos es tener culpables a quienes linchar pues estamos hartos del sistema y la Cassez representa un buen enemigo: una supuesta secuestradora extranjera, güerita, defendida por un gobierno imperialista. Qué mejor chivo expiatorio y, como le decía a mi amiga, yo no defiendo ni la culpabilidad ni la inocencia de la mujer pero sigo afirmando que ella es la perdedora de este asunto y, lamentablemente, el ganador es Calderón.