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¿Existe la buena literatura?

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 ¿Existe la buena literatura?

Siempre he hecho notas sobre libros, pero ahora, confinado la mayor parte del tiempo, me he propuesto documentar  con mayor regularidad mis impresiones. En algunos casos cuando comento  con alguien, delatan por sus comentarios que les parezco demasiado estricto. 

–Entonces no te gustó –me ha señalado alguno. 

–Sí, pero… –siempre termino respondiendo y señalo un pero. 

 

Aunque se puede discutir mucho al respecto, el objetivo más básico de la narrativa es contar una historia y es lo primero que, en mi opinión, debe alcanzar un texto literario. Digamos que esa sería una primera lectura. Muchos escritores, en la búsqueda de nuevas fórmulas o temas novedosos, aún con buenos resultados en otros aspectos no logran contar la historia, o lo hacen con errores, o de manera excesiva (como “Hot sur” de Laura Restrepo http://deutschlango.blogspot.com/2020/11/hot-sur-laura-restrepo-edit.html). Pero, una vez cumplido este requisito básico, ¿qué hace que un libro sobresalgan de las demás?

Si al terminar de leer, puedo, sin mucho pensar, pasar a otro libro, es una obra, como llaman los españoles, para el verano, para no tener que pensar mucho, algo para escaparnos de nuestra realidad, como mirar una serie de Netflix, o tomarnos una cerveza. Nada trascendente.

En cambio, hay obras que al final de su lectura dejan resonando algo. Otras veces son tan estridentes en su desarrollo y tenemos que detenernos para poder digerirlas durante su lectura. 

Las grandes obras dejan un enigma que resolver,  agitan de tal forma nuestros sentimientos o nuestras creencias que necesitamos la reflexión, el silencio para que se asienten de nuestro ser, y poco o mucho, ya no volveremos a ver el mundo de la misma forma.

Los grandes escritores nos hacen imaginar, desear, nos sacuden, nos cuestionan nuestra propia vida. A veces, como la maquinaria de un reloj, funcionan tan correctamente, que disfrutamos sólo con su perfección y queremos embelesarnos con la pericia del autor, su poesía, su magia. Queremos releerlas para contemplar sus imágenes con las diferentes luces del día, o conversar con sus personajes bajo nuestros diferentes estados de ánimo.

Un buen libro, como toda obra de arte, se puede contemplar infinidad de veces. Cada una será mejor, más rica, pues un buen libro, aunque conozcamos su final, nunca se acaba.

 

 

 

 

 

Cándela

Juan del Val (Madrid, 1950)

Premio primavera de novela 2019

 

Desde la cafetería “El Cancerbero”, microuniverso donde, desde el desayuno hasta la comida, confluyen diferentes personajes, Candelaria, a manera de confesión, nos narra su vida y los acontecimientos que van liberando una sexualidad atrofiada por el abuso de quien resultará su verdadero padre y no el que murió en prisión después de sacarle un ojo a su progenitora, lo que la marcará como la hija de la tuerta. Esta historia costumbrista se sucede de forma divertida con una prosa sencilla y ágil que nos atrapa con un buen comienzo. Nos topamos con todos los conflictos de la clase media: el abuso infantil, la violencia de género, el matrimonio gay, la inmigración ilegal, pero, aunque de manera superficial, eso no le resta eficacia a esta fórmula de cuento con final feliz. Sus personajes son entrañables, poco profundos pero tan estereotípicos que no es difícil que los asociemos fác



ilmente con personajes del cine español de comedia. Candela divierte con sus ocurrencias, pero nunca necesitamos parar la lectura para reflexionar sobre algún dicho o hecho.

Al final el autor trata de dar una forzada vuelta de tuerca que resulta afectada y no aporta nada. Candela resulta una historia más, bien contada y bien escrita, adecuada para quienes disfrutan la literatura sólo como entretenimiento.