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¿De verdad somos pacifistas?

Fotografía de ¿De verdad somos pacifistas?

Fotografía del archivo de Deutschlango

 ¿De verdad somos pacifistas? 

La guerra justa

 

Imagina que tus hijos han comenzado a liarse a golpes por un objeto, digamos por el uso del juego de video que pertenece al menor, pero los cartuchos son propiedad del otro. Tu hija aunque sólo los mira, no ha sido del todo inocente, pues ha azuzado al joven para que provoque al mayor quien ha soltado el primer golpe, pero aun así y pese al diferencia de tamaño, el primero le ha propinado buenos golpes al otro. 

Conoces a tus hijos. El mayor tiene la mecha corta y responde físicamente ante cualquier provocación. El pequeño es bastante influenciable y tu hija ha ayudado a la provocación ya que estima que gane quien gane, ella saldrá beneficiada no importa a quien castigues

¿Qué haces? ¿Interrumpes la pelea o dejas que el grande siga recibiendo una tunda para que aprenda a respetar al otro? 

Al final, cuando ves que ambos están sufriendo, interrumpes la pelea, haces que se separen, no aceptas discusiones y aunque el mayor se salga con la suya dejas que se lleve el juego de video. Lo más importante para ti es que no se sigan lastimando.

El ejemplo resulta pueril. Intrascendente ante los hechos tan graves del conflicto bélico en Europa, pero quería de alguna forma ejemplificarle a una amiga mi posición respecto a la guerra.

Los noticieros están saturados de imágenes de destrucción. La cuenta de muertos aumenta cada día. Cada vez hay más desplazados. Los jóvenes rusos huyen para no ser llamados a filas. Cuando comento al respecto con mis amigos europeos (todos verdes, sustentables, justos) me queda la sensación de que aunque se dicen pacifistas piensan que Putin no debe de salirse con la suya. En contraste, algunos de mis amigos mexicanos de una izquierda antiyanqui, pacifistas todos, afirman la justicia de la liberación de Ucrania de los grupos neonazis. Para ambas posiciones se trata de una guerra justa.

La guerra justa, un concepto ético que militares e iglesia han usado para explicar sus abusos. Hay toda una teoría ética al respecto que se enseña en las escuelas militares y si no estoy equivocado, hasta aparece en los documentos del Concilio Vaticano Segundo. Pero, ¿justa para quién? Justa para los vendedores de armas, justa para los militares alemanes que han visto incrementado su presupuesto en miles de millones de euros, justa para los verdes alemanes que exigen al canciller que proporcione tanques, justa para el parlamento europeo que postuló a Zelensky para el premio nobel de la paz, justa también para Zelensky que ha recorrido foros por el mundo a solicitar armas para la guerra pero nunca la paz, justa para nosotros que la vemos en televisión antes de la serie de Netflix y además estamos enojados porque pagaremos cuentas de gas más elevadas. 

En 2016, en Colombia se llevó a cabo un plebiscito sobre los acuerdos de paz con la guerrilla. El resultado fue en contra de esta opción. A la mayoría de los colombianos les parecía injusto pactar con un grupo armado que había causado tanta violencia. La minoría que voto a favor de la paz, los perdedores, fueron las  personas de las regiones que había sufrido realmente la violencia.

Me pregunto si a esos padres que veo en televisión abrazando a sus hijos en los refugios que cuando salgan encontraran más destrucción les preocupará si la guerra es justa o no.

¿Cómo votarían los desplazados, las viudas, los huérfanos, los que pasan ahora frío y hambre, los que han perdido todo si pudieran elegir detener esta guerra justa?

 

No es cuestión de poner la otra mejilla y no defenderse, pero parece todos hemos tomado partido y todos queremos que nuestro bando gané la guerra. Las voces de paz están acalladas por el ruido de los cañones. Nadie reflexiona que las consecuencias de la guerra son tales, que no hay forma de justificarla.

 ¿Y cuando haya un triunfador, quién habrá realmente ganado y cuál habrá sido el premio?


Colonia, Alemania, 8 nov, 2022