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Bienaventurados los pobres de espíritu por que de ellos será el reino de los cielos

Fotografía de Bienaventurados los pobres de espíritu por que de ellos será el reino de los cielos
de qué se rien los alemanes…
Fotografía del archivo de Deutschlango

hace un par de días, tras cruzar la plaza donde nada más mejore un poco el clima los desempleados (llamados Hart IV por el nivel de ayuda del estado que reciben) se reunirán a beber el día con una charla y una cerveza en la boca, me presenté en el correo para enviar un paquete a México. Mi compadre me había pedido que lo respaldara como aval  y procedía a enviarle de regreso el contrato de renta debidamente firmado. Es un paseo tan corto que, como el clima lo permitía, llevaba los papeles en mano sin mayor protección, pues luego, en la pequeña papelería que ocupa la parte frontal del local de la Deustche Post, adquiriría una envoltura adecuada. 1,30 € me costó el sobre de cartoncillo tamaño A4 que podría acoger esos documentos tamaño oficio que le urgían a mi amigo. A esas horas de la mañana no había ningún otro cliente por lo que sin ninguna prisa, sobre la mesa para ese fin localizada a unos pasos del mostrador, bajo el escrutinio de la exburócrata (el correo fue hasta su privatización un ministerio del estado y los más antiguos empleados conservan el status de "beamter", burócrata) , ingresé los documentos en el sobre asegurándome que no se doblara ninguna página, cerré  la pestaña autopegante hasta que quedará perfectamente adherida y,  con mi mejor caligrafía, copie del iphone la dirección en la ciudad de México. En la esquina superior derecha escribí mis datos como remitente. Dos veces verifiqué que todo estuviera correctamente escrito antes de proceder al mostrador.
La típica alemana de unos 50 años, cabello con un corte casi masculino y zapatos de tacón de galleta me recibió con una eficiencia tan fría como su rostro que no mostró ninguna emoción ni cuando me saludó con las más mínimas formas de cortesía. Le expliqué que deseaba enviar el paquete de la forma más rápida posible a México. Sin decir palabra, de los cajones inferiores de su lugar de trabajo, extrajo las guías de DHL (empresas adquirida por el correo alemán una década atrás) junto con los rígidos sobres preparados para resguardar ese tipo de envíos.  Intentó introducir el paquete que apenas un minuto atrás yo había preparado con tanto cuidado. Resultaba exactamente del mismo tamaño por lo que no había forma de colocarlo allí dentro. Me preguntó si lo podía sacar del sobre. Con resignación asentí. Su rostro se iluminó y comenzó a reír mientras abría mi sobre y preparaba el envío
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Su reacción podría resultar extraña para quien no conoce un rasgo particular de la personalidad alemana que se define "schadefreude", la alegría ante la desgracia del otro, por eso las carcajadas de la empleada de correos.  

Reflexiono de qué habría pasado en una situación similar en México, el empleado quizás hubiera expresado algún tipo de "compasión" por todo el trabajo innecesario (aunque fuera sólo una hipocresía), o quizás hubiera hecho un chiste y ambos hubiéramos reído. Pero el schadefreude es un placer interno, como el de la empleada de correos, que al menos sirvió para que me dedicara una sonrisa. En otros idiomas no existen palabras que definan un sentimiento similar, incluso el inglés, tan flexible como es, ha adoptado este útil término alemán en sus diccionarios.