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AMLO, presidente de México, anuncia en su cuenta de twitter estar infectado de Covid-19

 Hoy despertamos con la noticia de que el presidente de México, en su cuenta oficial de twitter anunciaba que había dado positivo a la prueba de Covid-19 y que presentaba síntomas leves, lo cual despertó múltiples comentarios y especulaciones de todo tipo: desde los que en el anonimato de las redes sociales le deseaban el peor de los resultados hasta las cadenas de oración. Sin embargo, incluso sus peores detractores como Felipe Calderón o Ricardo Anaya, no tuvieron otra alternativa que desearle pronta recuperación. Los analistas especulan ante un posible vació de poder por la ausencia de un presidente que ha acumulado tal influencia que no se había visto desde los tiempos más duros de la dictadura priista que gobernó México por más de 70 años y de cuyas filas surgió Andrés Manuel López Obrador. En la época del PRI quizás esa ausencia podría haber sido suplida por la sólida estructura partidaria que no existe más y que Morena, el partido fundado por el presidente, no ha sabido construir. Cualquier otro liderazgo ha sido opacado por el monopolio de la figura presidencial.

En un país como Alemania, la enfermedad de la canciller Angela Merkel por Covid a causa de no querer aplicarse la vacuna y no usar el tapabocas, habría sido visto como una irresponsabilidad en su función como líder del gobierno y una falta a sus deberes con la población alemana. En este país, a diferencia de México, si uno se presenta a trabajar con una gripe no es considerado como un trabajador ejemplar y abnegado sino como un irresponsable que pone en peligro a la colectividad. Pero México tiene sus peculiaridades: héroes cuyo principal aportación es haberse lanzado al vació con la bandera para protegerla del enemigo, santos que se han picado los ojos para no despertar deseos malsanos. Somos un país católico donde se adora más al mártir que al trabajador, donde son más importantes los dichos que los hechos y tenemos una mentalidad mágica, metafísica: la oración y los buenos deseos lo pueden todo.

El presidente de México, debido a su negación inicial de la pandemia cuando presentó como defensa una estampita detente como su protección ante el virus y que señalara que la pandemia le caía como anillo al dedo a su gobierno (maldicho repetido recientemente por Irma Eredira Sandoval líder un grupo político dentro del gobierno) y siguiera llevando a cabo mítines políticos masivos, y que  López Gatell quien se encarga de la estrategia del manejo de la pandemia declarara que el presidente no se contagia porque tiene valor moral, le ha valido a AMLO que lo hayan puesto al nivel de Donald Trump y Jair Bolsonaro en el manejo de la pandemia.

Ante un periodismo oficial, una justicia falsa y una clase política acostumbrada a manipular los hechos a su mejor conveniencia, en México todo se pone duda. Un secretario de gobernación acuñaría el término sospechosismo para designar esa duda ante todo, y es por eso que la enfermedad del presidente desperta suspicacias y entra en ese sospechosismo endémico, pues la infección presidencial demostraría para muchos, no irresponsabilidad por su falta de cuidado, sino al contrario abnegación de que el líder máximo del país se sacrifica y no se aplica la vacuna como muchos habrían afirmado; uniría a sus seguidores en cadenas de oración y buenos deseos, y exigirían la solidaridad de todos los mexicanos. Si el presidente sale incólume de la enfermedad no quedaría duda que su valor moral lo protege ante cualquier adversidad.

Mao Zedong, cuyo liderazgo es tan similar al de López Obrador, aprovechó sus ausencias del poder para evaluar el comportamiento de sus seguidores y así reconocer lealtades y purgar a sus posibles detractores.

Por el bien de México, esperemos pronto la vuelta del presidente AMLO y quizás el tiempo y la posible purga al final de su enfermedad nos pueda dar una respuesta al sosprechosismo que ahora despierta.