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Alemania, campeones del reciclaje

Fotografía de Alemania, campeones del reciclaje

 Alemania, campeones del reciclaje

 

Campeones del reciclaje

La corredora inmobiliaria nos mostraba profesionalmente en el patio dónde deberíamos depositar nuestros desechos. Todavía en México ni siquiera se hacía la separación que se lleva a cabo ahora entre reciclable (no orgánico) y no reciclabe (orgánico) que al final termina todo en el mismo camión. 

En el bote con tapa amarilla deberíamos depositar empaques, en el bote azul cartones y papel, y el bote gris para la basura “real”, la que no podía recuperarse y había que quemar o enterrar. Como no había jardín no contábamos con botes verdes para desechos vegetales. Las botellas de vidrio tendríamos que conservarlas en casa hasta verterlas en los grandes depósitos que había en la plaza al final de la calle: uno para vidrio blanco (transparente), otro para el verde y finalmente uno para el marrón. Las botellas de cerveza y los envases de PET tenían depósito por lo que si las devolvíamos en el supermercado en maquinas especializadas obtendríamos un bono canjeable por mercancía o dinero. Una manera de ayudar a la economía informal consiste en dejar esos envases junto a los botes de basura para quienes necesiten esa especie de limosna para sobrevivir. Tras la explicación, la mujer expresó con orgullo: en Alemania somos campeones del reciclaje. 

Cuando recibimos por correo el calendario de la AWB, al empresa local encargada del manejo de los desechos, sabríamos no sólo los días que se vaciaba cada tipo de bote de basura sino también que había fechas especiales para deshacerse del árbol de navidad y también que teníamos derecho, dos veces al año, a solicitar la disposición de desechos más grandes como colchones, restos de muebles, bicicletas (con un letrero muy claro para indicar que son de desecho ya que algunas otras lo parecen pero no lo son). Basta reservar en línea espacio en el camión y en una fecha prevista sacar los desechos a la calle que al amanecer siguiente habrán desparecido en lugar de esperar los camiones que con sus pintorescas grabaciones de “se coooompran lavadores, colchones, etc…”. Además, la empresa que entrega un nuevo electrodoméstico de gran tamaño, está obligada a llevarse el aparato antiguo. Si alguien considera que algo todavía podría tener valor para otro, basta con dejarlo en la puerta con un letrero de “Zum Verschenken” (para regalo). Incluso sin letrero irán desapareciendo los objetos. Más allá, en el parque hay una cabina donde uno puede tomar y dejar libros.

Allí no acaba las oportunidades para deshacerse de los desechos, en la ciudad existen dos grandes tiraderos que uno puede accesar en el auto y depositarlos de acuerdo a cierta clasificación. Parece que todos compartimos ese morbo por la destrucción, ya que fascina el contenedor para los desechos de mobiliario, pues un gran rodillo con picos va girando lentamente de un lado a otro y acompañado de crujidos va destruyendo y comprimiendo los restos de armarios y muebles de IKEA que generalmente no sobreviven más de dos mudanzas. Esas instalaciones, como una amiga las designa, representan el pináculo de la civilización, cosa que no tenemos en nuestro país donde, aunque los desechos representan un gran negocio, hay que atenerse a la buena voluntad ($$) de los trabajadores de limpia que se quejan pero que por nada dejarían el monopolio del manejo de la basura que en México, aunque sea en condiciones infrahumanas, no deja de reciclarse pero obviamente los desechos en los países ricos son más valiosos que en los pobres.

 

Los verdes

Los primeros partidos verdes, designados así por su política ecológica, surgieron en los 70s en Nueva Zelanda, el Reino Unido y en la República Federal Alemana.

De acuerdo a Tobias Benner (2000), el movimiento verde se inició en Alemania a finales de los 50s como un movimiento de protección a los animales y posteriormente en contra de la instalación de plantas nucleares. En 1977 se formó el “Umweltschutzpartei” (partido de protección al ambiente) y como el movimiento ambientalista no se podía clasificar como izquierda o derecha se designó como la “tercera ola”. Este partido evolucionó en el partido verde que actualmente en coalición gobierna Alemania.


Fotografía del archivo de Deutschlango

Annalena Baerboock, candidata a canciller por los verdes y ahora ministra de relaciones exteriores, quien ha sido acusada de falsear su curriculum, de plagio, además de reportar al fisco tardiamente ciertos ingresos, con sus vestuarios de lujo que cambia para cada presentación luce más como una modelo de marca pero es conducida en un auto eléctrico a todos los lugares; de lujo, pero eléctrico.

Mientras que el Partido Verde  Ecologista de México, que como dicen, no tienen nada de partido, ni de ecologista, ni de verde, fue expulsado en 2001 de la “familia política verde” internacional (https://archivo.eluniversal.com.mx/nacion/165665.html) por defender la reintroducción de la pena de muerte (consigna que ha retomado junto con ciertos legisladores de Morena, su aliado en el poder) ( http://www.deutschlango.com/2012/05/el-partido-verde-pugna-por-la-pena-de.html ), ahora los verdes alemanes, que todavía se consideran pacifistas, frente a la guerra en Ucrania, han asegurado la ayuda militar y envío de armas desde Alemania.

 

Resulta interesante como el actual dogma del calentamiento global y del reciclaje, permite sin culpa a los privilegiados del planeta seguir consumiendo. Pareciera que mientras depositemos la basura en los depósitos adecuados podemos generar desechos. Es verdad que Alemania puede considerarse la campeona del reciclaje pero también es campeona en generar basura. Aunque en algún momento la pausa generada por la pandemia parecía que iba a ayudar a reducir nuestro consumo, al contrario, basta ver como aumentó la cantidad de empaques debido al comercio en línea.

Las empresas de los países desarrollado, así como exportan la inequidad y la explotación, también explotan sus prácticas sucias. Las mineras canadienses son empresas serias en sus países y corruptas en otros. La teoría de los gases de efecto de invernadero justifica que los más ricos obtengan beneficios por poseer autos nuevos y que las empresas hagan jugosos negocios con los bonos de carbono. La explotación del litio y los materiales para producir baterías y celdas solares son el gran negocio limpio. 

Cuando expreso mis dudas sobre esa teoría, sin escuchar argumentos me llevan al cadalso por hereje. No niego el calentamiento global, pero al contrario, creo que hay evidencia suficiente para mostrar que se debe más a cuánto consumimos que a cómo consumimos (http://www.deutschlango.com/2012/05/gases-de-efecto-de-invernadero-la-manga.html)  pero eso pondría en entre dicho a tantos verdes, sobre todo de los países privilegiados, que levantan su dedo inquisitorio contra tantos otros.