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28 septiembre 2023 Hare Krishna, Krishna Hare, Hare Hare

28 septiembre 2023
Hare Krishna, Krishna Hare, Hare Hare
El camino rumbo a la salida está resultando resulta más largo, pero al parecer tengo suerte que no haya las multitudes para las que está acondicionado el lugar. La cantidad de carriles a la entrada semejan los controles de un aeropuerto gringo y aunque avancé sin problema el costal donde guardé mis zaparos quedó colgado en la fila X.
El paso por templo de nombre que me evoca una marca de pollo frito combinada con una feria de computadoras resulta una montaña rusa. A la entrada me han contagiado los cantos y a la salida de ISKCON me siento un poco asqueado de toda esa vendimia. No sé si en alguna de las historias de Krishna habrá expulsado alguna vez a los mercaderes de sus templos. Al final recupero la esperanza cuando veo que ofrecen gratuitamente un plato de comida a todos los peregrinos.
Los vuelos de Europa a India generalmente llegan en la madrugada. El de Lufthansa arribó con retraso así que he perdido mi transporte y a las tres de la mañana tengo que buscar cómo llegar a mi hotel. El cajero automático no me entrega nada y finalmente entrega sólo cincuenta dólares en la casa de cambio que además de ofrecer una tarifa muy baja, cobra 8% de comisión. No me queda más que tomar un taxi del aeropuerto y cuando me doy cuenta la distancia que toma a la ciudad, comienzo a cuestionarme si me alcanzaran mis mermados fondos en rupias. Anisha, me digo que a fin de cuentas lo tendré que resolver de alguna forma y resulta que el costo del viaje es de menos de veinte dólares.
A las pocas horas de mi primer día en Bengaluru comienzo la visita de templos. Mohamed me conduce en su tuk-tuk de uno a otro: reconozco a Vishnu en sus diferentes avatares, a Shiva con su mirada destructora y a Lakshimi con sus múltiples brazos. El templo más antiguo de Bengaluru está dedicado a la montura de Shiva. La gran figura de piedra de Nandi de 7 metros de largo, originalmente gris, adquiere su color negro por las unciones de aceite de coco y ghee que recibe diariamente. Se calcula que los hindús adoran más de tres millones de dioses que representan de las formas más extrañas y en sus libros sagrados, los vedas, se detallan miles de ritos para venerarlos. A unos pasos del templo del buey (Bull Temple), se reverencia una barra de mantequilla, y es que el ghee –la mantequilla clarificada– resulta un manjar en su alimentación y en algunos casos una medicina. La suculenta imagen de Ganesha, el hijo de Shiva y Lakshimi con cabeza transplantada de elefante, es sustituida cada cuatro años y su materia se reparte entre sus devotos.
Más tarde, mientras degusto una golosina india y reconozco su fuerte sabor, me preguntó si no estaré teniendo en esos momentos una comunión con el sanjuditas indio, pues Ganesha es el destrucor de los obstáculos.

