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28 septiembre 2023 Hare Krishna, Krishna Hare, Hare Hare

Fotografía de 28 septiembre 2023   Hare Krishna, Krishna Hare, Hare Hare





28 septiembre 2023

Hare Krishna, Krishna Hare, Hare Hare

 

Fotografía del archivo de Deutschlango

Mientras explica acerca de los ejemplares sobre el mostrador entre nosotros, me concentró en sus ojos cafés, grandes como la mayoría de los indios y de pestañas prominentes. Me pregunta sobre mi origen y luego sobre la experiencia que he tenido en el templo, y aunque se muestra amigable, no descubro el misticismo que me gustaría encontrar en su mirada. Al contrario, cuando comienza a hacer preguntas que me buscan acorralar, aunque se refieren al Baghabad-gita, uno de los libros sagrados del hinduismo, me hace imaginar un vendedor de biblia de casa en casa y que para librarse de su perorata hay que dejarlos con un palmo de narices, así que cuando insiste que compre el libro, le agradezco la estampita de krishna y sigo mi camino. Después de la librería, siguen varias vitrinas con de golosinas y luego imágenes. Al circular por esos pasillos llenos de mercancías me siento atrapado en un Ikea hinduista. El hare-hare, Krishna-hare de multitudes emocionadas bailando que se proyectaban en grandes pantallas de plasma en la sala principal, ya no suenan tan armoniosos pues provienen de unas baratijas para conectar a los contactos de electricidad para que repitan una y otra vez esos cantos que escuché por primera vez en una esquina de Nueva York. Allí un grupo de jóvenes rapados y vestidos de naranja  entonaban y bailaban, al ritmo de  panderos y tambores, ese mismo canto pues según su doctrina, en esta cuarta yuga donde según la sueca Gerta y las enseñanzas hindús nos encaminamos a la extinción, lo único que queda es cantarle a lord Krishna. 

El camino rumbo a la salida está resultando resulta más largo, pero al parecer tengo suerte que no haya las multitudes para las que está acondicionado el lugar.  La cantidad de carriles a la entrada semejan los controles de un aeropuerto gringo y aunque avancé sin problema el costal donde guardé mis zaparos quedó colgado en la fila X.

El paso por templo de nombre que me evoca una marca de pollo frito combinada con una feria de computadoras resulta una montaña rusa. A la entrada me han contagiado los cantos y a la salida de ISKCON me siento un poco asqueado de toda esa vendimia. No sé si en alguna de las historias de Krishna habrá expulsado alguna vez a los mercaderes de sus templos. Al final recupero la esperanza cuando veo que ofrecen gratuitamente un plato de comida a todos los peregrinos. 

Fotografía del archivo de Deutschlango

Los vuelos de Europa a India generalmente llegan en la madrugada. El de Lufthansa arribó con retraso así que he perdido mi transporte y a las tres de la mañana tengo que buscar cómo llegar a mi hotel. El cajero automático no me entrega nada y finalmente entrega sólo cincuenta dólares en la casa de cambio que además de ofrecer una tarifa muy baja, cobra 8% de comisión. No me queda más que tomar un taxi del aeropuerto y cuando me doy cuenta la distancia que toma a la ciudad, comienzo a cuestionarme si me alcanzaran mis mermados fondos en rupias. Anisha, me digo que a fin de cuentas lo tendré que resolver de alguna forma y resulta que el costo del viaje es de menos de veinte dólares.

A las pocas horas de mi primer día en Bengaluru comienzo la visita de templos. Mohamed me conduce en su tuk-tuk de uno a otro: reconozco a Vishnu en sus diferentes avatares, a Shiva con su mirada destructora y a Lakshimi con sus múltiples brazos. El templo más antiguo de Bengaluru está dedicado a la montura de Shiva. La gran figura de piedra de Nandi de 7 metros de largo, originalmente gris, adquiere su color negro por las unciones de aceite de coco y ghee que recibe diariamente. Se calcula que los hindús adoran más de tres millones de dioses que representan de las formas más extrañas y en sus libros sagrados, los vedas, se detallan miles de ritos para venerarlos. A unos pasos del templo del buey (Bull Temple), se reverencia una barra de mantequilla, y es que el ghee –la mantequilla clarificada– resulta un manjar en su alimentación y en algunos casos una medicina. La suculenta imagen de Ganesha, el hijo de Shiva y Lakshimi con cabeza transplantada de elefante, es sustituida cada cuatro años y su materia se reparte entre sus devotos. 

Más tarde, mientras degusto una golosina india y reconozco su fuerte sabor, me preguntó si no estaré teniendo en esos momentos una comunión con el sanjuditas indio, pues Ganesha es el destrucor de los obstáculos. 


Fotografía del archivo de Deutschlango